"mola perque sou súper amigues"
dilluns, 27 de febrer del 2012
dilluns, 6 de febrer del 2012
Ahora resulta que es que yo creía demasiado en el destino. Es lo último. Resulta por lo tanto que yo creía en algo… ¿Desde cuándo?
Estás sentada en el banco de la estación. Está frío y te sientas en el borde. Aún es de noche y el viento entra por los agujeros cuadrados que tiene dibujados el banco, entra soplando hacia arriba, dificultando que las hojas del libro que intentas leer se mantengan quietas. Es sólo una de las muchas distracciones que juegan al escondite con tu concentración. Las puntas abiertas del pelo siempre te han ganado el pulso. Es difícil. Estudiar aquí o irte lejos, incluso salir del país. Tus prioridades han cambiado, y eso que siempre te habías vendido como una chica de principios. Quedarte aquí y empezar otra carrera. Otro idioma, otro instrumento. El auricular derecho no deja de caerse. Te gusta la estación así, fria y distante. Los demás esconden sus narices bajo bufandas de colores y a ti te lloran los ojos, que entrecierras porque el viento parece haberse enfadado. Cambia la jerarquía de tus credenciales. Crees que el problema ha sido que siempre has estado a punto de tocar la snitch. Definitivamente ese era tu problema. Creiste en demasiados amigos. Ahora caminas por las aceras sin más preocupación que desapercibirte en la mediocridad provocada. Mejor quedarse en casa… ¿para qué vivir experiencias extermas? Más vale pájaro en mano, ¿no? Pero ¿desde cuándo te has vuelto tú así?
Los cambios empiezan a rodearte de una manera que empiezas a no sentirte parte de lo que eres, y sigues jugando con el pelo. Llegas al punto de no saber por qué escribes esto aquí y ahora. Crónica de una muerte anunciada.
dissabte, 4 de febrer del 2012
La noche del Tlatelolco
Un niño de cinco o seis años que corría llorando, rodó por el suelo. Otros niños que corrían junto a él huyeron despavoridos pero un chiquito como de seis años regresó a sacudirlo: "Juanito, Juanito, levántate". Lo empezó a jalonear como si con eso fuera a reanimarlo: "Juanito ¿qué te pasó?". Seguramente no sabía lo que es la muerte, y no lo iba a saber nunca, porque sus preguntas ya no se oyeron, sólo un quejido, y los dos pequeños cuerpos quedaron tirados sobre el asfalto, el uno encima del otro. Yo lo vi todo. Quería arrastrar al pequeño hasta la zanja donde me encontraba. Le grité varias veces pero como las balas silbaban por todas partes no me atreví a ir a por él. Me limité a gritarle : "¡Niño, niño, ven acá, niño!", pero estaba demasiado ocupado en revivir a su amigo. ¡Hasta que le dio la bala!
Sé que soy un cobarde, pero sé también que el instinto de conservación es terriblemente egoísta.
dimarts, 10 de gener del 2012
"Y la catedral no era sólo su compañera, era el universo; mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma. Él nunca soñó que había otros setos que las vidrieras en continua floración; otra sombra que la del follaje de piedra siempre en ciernes, lleno de pájaros en los matorrales de los capiteles sajones; otras montañas que las colosales torres de la iglesia; u otros océanos que París rugiendo bajo sus pies."
diumenge, 8 de gener del 2012
Esperar es sólo el comienzo
A veces, lo que esperas es peor si lo comparas con lo inesperado.
La razón por la que nos aferramos a nuestras esperanzas es que lo que esperamos es lo que nos mantiene vivos, en pie, esperando.
Esperar es sólo el comienzo.
Lo inesperado es lo que cambia nuestras vidas.
dissabte, 24 de desembre del 2011
dijous, 22 de desembre del 2011
Quis custodiet ipsos custodes?
Pese a que la obra fue escrita hace treinta años, podría ser perfectamente actual. Bajo mi punto de vista, la sociedad de hoy en día se encuentra en una situación parecida a la que leemos en el cómic. Dada la crisis económica y social que vivimos internacionalmente, ya es poca la gente que cree en la autoridad como símbolo de seguridad. Muchos son los valientes que se han atrevido a venderse como una especie de superhéroes, como Barack Obama, Zapatero (o, si todo sigue como parece, Rajoy) entre otros. Pese a haber recibido apoyo masivo, no han cumplido con las expectativas prometidas. Esto ha contribuido a la incredulidad hacia los mismos y a la desilusión social. Cada vez más, los seres humanos nos reafirmamos en nuestra individualidad, en el creer en nosotros mismos como seres válidos y dueños de nuestras vidas desprestigiando, así, a las figuras que representan a la autoridad. ¡Y ya era hora! Esta vez no nos acecha una Guerra Fría, no es a la violencia a quien tememos, sino al desamparo, al abandono, a la pobreza y a sentirnos títeres manejados con hilos por nuestros superiores, como decía el Dr. Manhattan.
Who watches the watchmen?
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